Sébastien Schuller "Happiness"

 

La historia de Sébastien Schuller no deja de recordarme a la de Harry Bedford, alguien que ha perdido su sombra y vaga por las calles en su busca; la encuentra, se le vuelve a escapar, la encuentra, vuelve a perderse...

Habría que agradecer demasiado a la tristeza, no como tristeza en si misma, sino como razón de la felicidad, puesto que sin tristeza no sabríamos qué es la felicidad. La felicidad y la tristeza se complementan, igual que el dolor y el alivio... es precisamente ésta, la baza que juega Schuller, sus canciones alivian, no hacen desaparecer nada, simplemente anestesian.

Buscando su sombra por once calles, que son estas once canciones, titubea de un lado a otro del arcén, se pierde. Pero quién dijo que fuera malo perderse.

Instrumentales donde bruma, piano y vibráfono se dan la mano ("1978") o pasajes repletos de intensidad e intención poética, hablar de onirismo en "Where we had never gone" es decir poco. Coquetea con la electrónica tratando todo, guitarras, bajos, bombo; todo oculto entre teclados atmosféricos y formas en espiral. Su voz, escondida entre todas estas texturas, juega a ser más clara por momentos: "Tears coming home" ilumina, pop experimental de una elegancia nada convencional. Sonidos de alcoba, samples por cualquier rincón en la discreta "Sleeping song" y sollozos en "Weeping willow".

Melancólico, aunque esperanzador, resuena una y otra vez, adictivo. Un truco hecho con espejos en el que bailar o llorar ("Edward´s hand) es solo cuestión de eclecticismo bien entendido. La primera pieza de un nuevo exponente en el pop de vanguardia francés. Acertado.

Juan Monge